Chappell Roan es una artista coherente con sus principios personales, la ética y la humanidad. La cantante anunció su salida de Wasserman Music, luego de que su director ejecutivo, Casey Wasserman, apareciera en los archivos de Jeffrey Epstein.
“Exijo a mis equipos los más altos estándares y también tengo el deber de protegerlos. Ningún artista, agente o empleado debería defender o pasar por alto acciones que contradigan tan profundamente nuestros valores morales”, señaló Roan.
No habló de cancelación ni de culpabilidad penal. Habló de coherencia. De la necesidad de que la representación de un artista esté alineada con su idea de dignidad, seguridad y liderazgo confiable.
Los turbios archivos de Epstein
El acto de Chappell Roan ocurre tras la publicación de miles de páginas de documentos judiciales relacionados con el caso Epstein. En ellos aparecieron correos electrónicos intercambiados entre Wasserman y Ghislaine Maxwell, colaboradora cercana de Epstein y condenada por tráfico sexual de menores.
Los correos datan de hace más de dos décadas y Wasserman ha negado cualquier relación personal o profesional con Epstein, señalando que los intercambios ocurrieron antes de que se conocieran sus crímenes. Aun así, la aparición de su nombre reactivó un debate dentro de la industria sobre responsabilidad, poder y ética.
Una postura clara y firme
La decisión de Chappell Roan no fue excepcional por romper con una agencia poderosa, sino por no condicionar su ética a una la industria rancia. En un entorno donde muchas carreras se sostienen a base de silencios prolongados, ella eligió respetar su ética.
No esperó resoluciones. No pidió explicaciones públicas. Actuó desde un criterio simple: hay asociaciones que, aunque legales, dejan de ser sostenibles cuando chocan con los valores personales… más cuando hay presuntos crímenes de lesa humanidad involucrados.
