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Bad Bunny y el Super Bowl como territorio cultural

Raúl Campos · 09 de febrero de 2026

Bad Bunny y el Super Bowl como territorio cultural

El show de medio tiempo del Super Bowl 2026 no fue un simple espectáculo aislado ni una vitrina de hits de perreo, sino que fue un relato condensado lleno de significados. En poco más de trece minutos, Bad Bunny convirtió el escenario más visto del mundo en un archivo vivo de identidad latina: territorio, idioma, migración, memoria y afectos.

Nada estuvo ahí de manera aleatoria, sino que estuvo para decir algo, en una coyuntura repleta de racismo, discursos de derecha y Trump… gran amigo de Epstein, aunque lo quiera negar.

‘Tití Me Preguntó’ y el regreso al origen

El arranque recreó un paisaje cotidiano de Puerto Rico: puestos, mercado, campo, trabajo manual. La vida ordinaria de la gente boricua.

Benito apareció vestido de blanco, un color asociado a lo ceremonial y lo espiritual en muchas culturas. Boxeadores entrenando, joyería de plata, cocos, comerciantes. El mensaje inicial fue claro: esta historia empieza antes del éxito y fuera del centro.

La pava y el jíbaro: el campo como símbolo político

La presencia de la pava, el sombrero tradicional del campesinado puertorriqueño, no fue pornomiseria. La figura del jíbaro ha sido históricamente un símbolo de identidad, resistencia y arraigo frente a los procesos de urbanización, colonialismo y borrado cultural, el cual tristemente es muy visible actualmente por la gentrificación y las prácticas políticas y de negocio que la perpetúan.

Llevar ese imaginario al Super Bowl —un espacio creado meramente para vender (muy turbio el comercial de Serena Williams, alch)— fue una forma de invertir jerarquías: el campo, tantas veces invisibilizado, ocupó el centro del mundo.

La casita: hogar como estructura cultural

La casita, ya presente en el universo visual de Bad Bunny, volvió a aparecer aquí como estructura narrativa, representando al hogar latino entendido como espacio donde se comparte.

Ahí salieron Pedro Pascal, Karol G, Cardi B, Jessica Alba y Young Miko, etc. como una extensión de una comunidad que ha cruzado fronteras sin borrar origen.

Lady Gaga y la colaboración sin traducción

La aparición de Lady Gaga no respondió al gesto típico de “estrella invitada”. Funcionó como alianza simbólica. Interpretaron juntos Die With a Smile y Baile Inolvidable sin forzar idioma. Ya lo había dicho el Benito meses antes; “que aprendan español”.

Ricky Martin y el diálogo generacional

Ricky Martin apareció sentado en las sillas blancas asociadas al universo visual de Debí Tirar Más Fotos. La imagen no apeló a la nostalgia, sino al relevo: dos generaciones de la música masiva latina compartiendo escenario y celebrándose.

La interpretación de Lo que le pasó a Hawái llevó al Super Bowl una de las letras más explícitas de Benito sobre desplazamiento, gentrificación y pérdida de territorio.

La boda latina y la intimidad colectiva

La boda simbólica incluyó códigos reconocibles para cualquier familia latina: música, celebración, exceso… hasta y un niño dormido en las sillas. Todos fuimos él, alch.

Esto no solo era algo “estético”, sino la vida cotidiana puesta en escena. Un recordatorio de que la identidad también se construye en lo aparentemente insignificante e intrascendente.

La Marqueta y la diáspora

La aparición de La Marqueta remitió al mercado hispano de Nueva York, uno de los espacios donde la comunidad migrante ha sostenido idioma y costumbres lejos de casa. Fue un guiño preciso a la diáspora latina en Estados Unidos, como una red viva que jamás podrá ser silenciada por Trump, ICE o quien venga después.

Que aprendan español

La mayoría del show fue en español. En el contexto actual de Estados Unidos —marcado por discursos antiinmigrantes, redadas y criminalización del idioma— esa elección fue 100% política y muestra de que las voces hispanas jamás serán silenciadas, aunque el sistema gringo trate de invisibilizarlas.

God Bless America, pero la real

Cuando Bad Bunny dijo “God Bless America” y luego nombró países de América Latina (menos Belice LOL), el cantante sentenció a los gringos que América no es su nación, sino todo el continente y las diversas naciones que lo conforman.

Amor, la fuerza universal

El mensaje final, “La única cosa más poderosa que el odio es el amor”, remarca algo que Benito ha demostrado en sus conciertos y en esta etapa de su carrera: el odio y la agresividad solo engendran mal. Todos somos uno y lo hemos olvidado. Y la única forma de que el mundo esté en armonía es volviendo a vernos como uno mismo, algo así como la Teoría del Huevo, pero con perreo hasta el piso.